La
granja Schusteröder, con la que comenzó el museo
de Massing, ha permanecido tal y como se creó en
1969. Su mobiliario, con los más bellos objetos caseros
de la vida rural en el Valle del Rott, así como sus
dos balcones con barandillas de madera torneada o la cruz
Arma-Christi en el pajar constituyen todo un monumento de
la historia del museo.
El
centro más vivo del museo es la granja Koch. Pavos
reales, gallinas, cerdos, gatos, palomas y también
frecuentemente reses vacunas encuentran allí "cobijo".
En esta granja cada objeto está en el lugar justo,
tal y como lo estaba en torno al 1930. La casa, toda de
madera, junto con sus dos postas constituye un típico
"Caserío del Valle del Rott". El pajar
de madera con dos eras, con el año 1836 pintado,
es una muestra del bienestar del campesino de la granja
Koch.
La casita
de Freiling se presenta como monumento "desnudo",
pues precisamente así es como más tiene que
contar. Su destino era estar casi siempre vacía o
ser utilizada sólo como cobertizo. Y eso precisamente
ha hecho que se conservara aun siendo una de las más
antiguas casas de la Baja Baviera. La construcción
cerrada de madera, el balcón y el tejado recubierto
de tejas han marcado durante siglos la imagen de los caseríos
de la Baja Baviera.
El
equipamiento y decoración en sala, cocina, dormitorios,
establo, cobertizo y granero se ha mantenido tal y como
corresponde a la época en que las granjas Koch, Lehner
y la casita Marxen fueron instaladas en el museo. ¡
Cada granja es un mundo en pequeño ! Tanto los objetos
bellos como los feos, los usados o los nuevos, los que ya
nos resultan desconocidos o los intemporales... todo nos
habla de un tiempo pasado. La casa-establo de la casita
Marxen data, según las tablas que forman el balcón,
de 1887. Aquí esta reunido bajo un mismo techo todo
lo propio de una pequeña casa de labranza.
La granja Lehner es originaria de Hallertau. Los dueños
vivían del cultivo de lúpulo, de la cría
de cerdos y del ganado lechero.
El
Museo al aire libre de Massing está vivo: los artesanos
exhiben su arte; las fiestas y ferias traen consigo música
y gente jovial; los jardines, los campos y las praderas
despiertan los dormidos recuerdos de la infancia; las exposiciones
nos instruyen y entretienen. La feria de primavera, la fiesta
del solsticio, la fiesta de la cerveza y la fiesta del museo
son los puntos culminantes del calendario anual del museo.
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